
Fin de semana sin tocadas, nada como tener tiempo de desenfundar viejos discos y ver buenas pelis...
Una sesión de Floyd es la elegida para el sábado en la tarde en compañía de dos integrantes del trío ternura (Villagomez y Vega), varias horas de música y de agradable charla que terminaron en casa de Villagomez, escuchando "uno" de esos discos que no sé cómo, no pude descubrirlo ni escucharlo hasta ese día: Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos "Cantos Crepusculares", "Cantos Meridianos y "Estrato" (Cergio Prudencio/Tato Taborda). Simplemente increíble.
El domingo en la tarde encontré mis viejas películas en formato VHS y se convirtió en toda una odisea...
Guíon escrito por Clarke y dirigido por Stanley Kubrick, retoma la idea de la apoteosis posthumana. Sin duda es una epifanía psicodélica y tecnológica que narra un viaje al interior de la mente y asume la promesa cósmica de la declaración de Kennedy sobre la llegada de Estados Unidos a la "nueva frontera": el espacio. Al terminar la película, el astronauta protagonista atraviesa el alucinógeno "pasillo de las estrellas" del "viaje hacia más allá del infinito". Al final llega a un lugar donde la odisea interior y la espacial se unen, el reino de lo metafísico, donde trasciende su humanidad y se convierte en un embrión humano estelar semejante a un dios.
Ese fue el contexto que me puso a recordar las afirmaciones del filósofo aficionado a los hongos alucinógenos Terence McKenna: "la evolución está destinada a liberarse de la crisálida materia... y mirar atrás hacia una forma de existencia pasada mientras se eleva hacia una dimensión más alta".








